lunes, 11 de mayo de 2015

Poesía en Estados Unidos

¿Recuerdas?

¿Me recuerdas?
Soy la chica
de la piel oscura
y los zapatos gastados.
Soy la chica
con dientes cariados.
Soy la chica
negra de los dientes podridos
con el ojo herido
y la oreja destrozada.
Soy la chica
que sostiene a sus hijos,
cocina sus comidas,
barre sus patios,
lava sus ropas.
Oscura y pudriéndome
y herida, herida.
Yo daría
a la raza humana
tan sólo esperanza.
Soy la mujer
con la piel oscura bendecida.
Soy la mujer
con los dientes arreglados.
Soy la mujer
con el ojo sanado,
con la oreja que oye.
Soy la mujer: Oscura,
arreglada, curada,
que te escucha.
Yo daría
a la raza humana
tan sólo esperanza.
Soy la mujer
que ofrece dos flores
con raíces gemelas.
Justicia y Esperanza.
Comencemos. 


He aprendido a no preocuparme del amor

He aprendido a no preocuparme del amor
sino a honrar su llegada con todo mi corazón.
A examinar los misterios oscuros
de la sangre
con una atención desatenta
y torbellino,
a conocer la prisa de los sentimientos
rauda y fluyente
como agua.
La fuente parece ser
algún inagotable
manantial
dentro de nuestros gemelos y triples
yoes;
la cara nueva
que torno
hacia ti
nadie más en la tierra
alguna vez la ha
visto.


* Alice Walker


Stella Im Hultberg



COATLICUE

Mis manos emergen en busca de aire,
sobreviven.
Su pulso se abre, se cierra, habla.
Mi collar de calaveras se ha desparramado.
Quisiera borrar aquellas noches
en que temías el asalto de tu padre
sobre tu cama, sobre tu cuerpo.
Quisiera honrar a esas mujeres sobrevivientes,
a nosotras mismas.
Honrar a esa parte de mí
aquí de pie bajo la lluvia.
Cuando dices: No me he querido a mí misma últimamente
yo quisiera abrazarte,
voltear tu rostro y tu arte
hacia el espejo de la vida.
Hacer que te mires
y mantenerte así sin límite de tiempo.
Necesito saber también
que ese tú que no te gusta
no soy yo llorando en un sitio oscuro.
Mis manos que emergen en busca de aire
respiran su propio pulso.
Las calaveras de mi collar
se han desparramado en un mar denso.
Nadie debería tener que dormir
con un bate de béisbol entre las sábanas.



*Margaret Randall

Traducción de Víctor Rodríguez Núñez

Aëla Labbé Photographies

Después de un gran dolor, uno se hace formal -
los nervios se apoltronan, como tumbas -
el corazón ya tieso se pregunta
si fue el quien lo pudo soportar,
si fue ayer o hace siglos.-

Los pies, igual a autómatas, recorren -
en el suelo, en el aire, en el vacío -
un sendero del bosque
que ha nacido al descuido,
resignación de cuarzo, como piedra 

Es la hora del plomo -
si se la sobrevive, es recordada
como quien soportó nieves glaciales 
Frío -al principio- luego aturdimiento -
después dejarse ir-

*Emily Dickinson

Brooke Shaden






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